Si tu supieras pequeña! creen que porque no me he casado no se nada del amor y sus avatares, dan por echo que vivo recluida en una casa llena de recuerdos de otros.
No mi niña, vivo en esta casa porque la llena su recuerdo... el recuerdo de él.
Ernesto
Recuerdo la primera vez que le vi, tendría yo unos 16 años, rubita, pecosa, poquita cosa. Nunca me preocupo mi aspecto, pero aquel día todo cambio para mi. Nada, nunca volvería a ser igual.
El viejo dr. Don Ángel había muerto hacia poco y enviaban a otro de la ciudad. Al primero que vimos por la consulta fue a un hombre de unos 55 años, con aspecto de hombre respetable y serio, por lo que todos dedujimos que era el nuevo medico. Yo también lo creí, y para ya me fui muy dispuesta a contarle de mi dolor de muelas.
La sorpresa que me esperaba!
Don Ciriaco, el nuevo medico, me escucho entre atento y divertido y cuando acabe de contarle mis dolores me dijo que esperarse un momento, que se pondría la bata.. Entro en la salita contigua y al cabo de dos minutos salio con la bata... el hombre mas guapo que había visto en mi vida!
Tenia unos enormes ojos castaños, con una mirada entre inocente y burlona, el cabello le caía en suaves ondas negras sobre la frente y tenia unas manos grandes y bellas, echas para acoger y consolar tristezas.
Desde luego no era Don Ciriaco, era su hijo, el autentico medico.
Ernesto, el hombre que desde aquel instante en adelante seria mi única razón para vivir.
Después de algunas risas a mi costa con su padre, se puso un poco mas serio y comienzo a preguntarme cosas respecto a mi salud para abrirme ficha, mientras me contó que yo era su primer paciente, que aun estaba arreglando el consultorio y que buscaba a alguien para que le ayudase, pues las fichas de los pacientes eran casi inexistentes y el trabajo de papeles le aburría.
Cogí la oportunidad por los pelos y olvidando mi eterna timidez me encontré ofreciéndome para el trabajo y ponderando con descaro mis supuestas aptitudes para el cargo. Me ofrecí para hacer las fichas, recibir pacientes, limpiar el consultorio... incluso a ayudar a operar si era necesario! los dos hombres se doblaban de la risa ante la seriedad de mi oferta, pero al final decidieron que lo mas probable es que no encontrarían otra chica mas dispuesta y entusiasta que yo.
Desde entonces siempre estube a su lado, en los momentos buenos y en los malos.
Seguí con trabajando con el, compartiendo su espacio,respirando su mismo aire... y soñando con que alguna vez viera en mi algo mas que una niña graciosa y trabajadora, una niña que crecía rápido convirtiéndose en su mejor amiga y confidente.
Así fue como tube el honor de ser la primera en enterarme de que el joven Dr. estaba enamorado.
Lo peor es que lo supe nada mas verla!
Entro en la consulta con el aire arrogante de la mujer bella, segura de si misma, con sus negros ojos mirando de frente, desafiando Dios sabe que. Jamas tube la mas mínima oportunidad ante ella.
Pasó, vio y arrasó.
Cuando Ernesto la vio le temblaron las rodillas, se puso rojo, se rindió sin batalla y sin reservas. Fue un juguete en sus manos.
Remedios resulto ser altanera y orgullosa, no se conformaba con que su marido fuese un medico de pueblo, cuya mayor ambición era cuidar y consolar del sufrimiento, curar el alma cuando no pudiese hacer nada por el cuerpo. Ernesto no ambicionaba nada material, era feliz con su vida sencilla y el respeto de la gente.
Ella odiaba que la gente humilde visitase a su marido para contarle sus pequeñas desgracias e ilusiones, que fuese para ellos el amigo y confesor. Muchos iban solo para hablar, no le contaban si estaban enfermos, el Dr. ya sabría lo que les pasaba, confiaban en el.
Pero ella quería una casa grande, muebles caros, vestidos y fiestas. Quería salir de aquel horrible agujero y que ejerciese en la capital.
Ernesto no quería salir de allí, pero quería que su mujer y sus hijos tubiesen todo lo que ella consideraba necesario. Ya tenían 4 hijos y ella cada día le exigía mas, sus hijos no serian unos pueblerinos!
Así termino en la mina.
Su padre y yo fuimos testigos impotentes de su destrucción. El pobre padre intento prevenir a su hijo, pero fueron inútiles suplicas, amenazas o llamadas al razonamiento. Al fin y para evitar males mayores, el pobre hombre se rindió
Lo mio fue peor. Por miedo, por cobardía... por lo que fuese, no me atreví a decirle nada, me limite a escuchar primero sus sueños de enamorado y después la lista interminable de sus desgracias, asistiendo con el corazón desgarrado al lento e inexorable derrumbamiento del hombre al que amaba y de mis sueños junto a el.
Mi agonía fue larga y penosa, tanto el padre como el hijo venían a confiarme sus penas. Les escuchaba callada pensando que nadie sabría jamas mi sufrimiento.
Hasta aquel día terrible.
Desde el comienzo del día se noto algo extraño en el ambiente, no se movía ni una brizna, los pajaros no cantaron como siempre en mi ventana (si lo hicieron no lo escuche) el aire era denso, irrespirable. Yo era una especie de muerta viviente, solo recuerdo el lento transcurrir de las horas en espera de que algo ocurriese.
finalmente ocurrió
El sonar de las sirenas de la mina y la campana de la iglesia tañendo a muerte, al tiempo que una fina lluvia empapaba de llanto la tierra.
No corrí hacia la mina, me marche despacio al consultorio sabiendo que era él, también que Remedios no lo querría en su casa y su padre me lo traería a mi.
Unas horas después llegaron los hombres. Silenciosos, dignos, valientes... con la cara alta, los puños apretados, las mandíbulas encajadas en un gesto de dolor y rabia.
Con la frente al viento desafiando a Dios .
Don Ciriaco cogía la mano inerte de su hijo, ayudando a colocarlo con cuidado sobre la camilla que yo tenia ya preparada y salieron dandome un beso en la frente.
En el mas absoluto silencio el pobre hombre y yo lavamos y vestimos a Ernesto entre caricias y besos, con los ojos secos sin atrevernos a llorar uno delante del otro.
Cuando estubo vestido listo, el pobre padre beso a su hijo y volviéndose a mi, me dijo:
-voy a ver a su madre, a decirle que vuelve con ella. Llorale tu que eres la única mujer que le ha amado.
Salio y tras el mi silencio. Llore y grite, todo el amor y el dolor salieron en tromba como cuando se rompe una presa, dejando mi cuerpo y mi alma desolados, arrasados como después de un desastre.
No se cuanto tiempo paso, pero si se que cuando se lo llevaron , una parte de mi se fue con el.
Le enterraron al día siguiente, mientras yo permanecia en la consulta con la cara undida en su bata, intentando quedarme para siempre con su olor, con su tibieza. Después recogí sus cosas y me marche a mi casa.
Todo este tiempo, estos 35 años sin el, los he vivido, aparentemente, como cualquier otra chica soltera.
Seguí ayudando al nuevo medico, cuide de mi padres hasta su muerte y fui recogiendo las plumas desperdigadas que dejaban los jóvenes "gorriones" de la familia. Siguiendo vuestras vidas y guardando las cosas que podrian haceros falta después.
Tu hermana el vestido de novia de tu madre, tu hermano la antigua cama de la abuela... tu, mi pequeña golondrina viajera,(que lejos te has ido!) la memoria y con ella el resucitar de mis recuerdos.
jueves, 9 de abril de 2009
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